La Ruta de los Conventos de Yucatán: los 16 conventos franciscanos del siglo XVI en los pueblos alrededor de Mérida y cómo recorrerlos en un día
Los 16 conventos franciscanos del siglo XVI que sobreviven en los pueblos de Yucatán forman una de las rutas de arquitectura colonial más compactas y mejor conservadas de México: en un radio de menos de 80 kilómetros alrededor de Mérida, los franciscanos construyeron entre 1540 y 1600 una red de conventos-fortaleza en los principales pueblos mayas de la Península, usando la mano de obra y el conocimiento constructivo maya para levantar edificios de piedra caliza que combinan la planta basilical europea con elementos decorativos y constructivos de clara influencia prehispánica. Algunos de estos conventos son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO; todos siguen activos como parroquias de sus pueblos y pueden visitarse gratuitamente.
Los tres conventos imprescindibles de la ruta
El Convento de San Antonio de Izamal es el más visitado y el más impactante visualmente: el conjunto franciscano de Izamal se construyó literalmente sobre una pirámide maya (la plataforma del convento ES la cima de una pirámide del período Clásico), y el atrio — el patio delantero del convento — es el segundo más grande del mundo después del Vaticano, con una superficie de casi 8,000 metros cuadrados. Izamal, llamada "La Ciudad Amarilla" por sus edificios pintados en ocre intenso por tradición, está a 70 kilómetros al oriente de Mérida y es la primera parada natural de la ruta. El Convento de San Miguel Arcángel de Maní (a 90 km al sur de Mérida) es el más históricamente significativo: en su atrio tuvo lugar en 1562 el Auto de Fe del Obispo Diego de Landa, en el que se quemaron decenas de códices mayas — una de las mayores pérdidas de conocimiento indígena registrada de América. El convento de Maní tiene uno de los mejores ejemplos de arquitectura plateresca adaptada al contexto yucateco. El Convento de Tecoh y el Convento de Homún, más pequeños y menos visitados, tienen el atractivo de los sitios que no han sido completamente restaurados para el turismo: sus interiores mantienen restos de pintura mural colonial y sus pueblos tienen la vida cotidiana rural de Yucatán sin modificar por el turismo.