La Ruta Puuc completa: Kabah, Sayil, Xlapak y Labná desde Mérida
La Ruta Puuc es el circuito arqueológico más infrautilizado de Yucatán — cuatro sitios mayas de primer nivel (Kabah, Sayil, Xlapak y Labná) ubicados a lo largo de una carretera de 30 km al sur de Uxmal, con arquitectura del estilo Puuc de extraordinaria calidad y una afluencia de visitantes tan baja que algunos días hay más personal del INAH que turistas. Para quien quiere explorar la arquitectura maya sin multitudes, la Ruta Puuc es el secreto mejor guardado del estado.
Kabah: el arco y las 250 máscaras de Chaac
Kabah es el primer sitio de la Ruta Puuc al salir de Uxmal — a 23 km al sur. Su estructura más impresionante es el Codz Pop (Palacio de las Máscaras): una fachada entera cubierta con más de 250 máscaras superpuestas del dios Chaac, el señor de la lluvia, cada una con la nariz en forma de trompa curvada que es el atributo más reconocible de esta deidad. El efecto visual es de hipnótica repetición — cientos de rostros del mismo dios escalonados de piso a techo. En el otro extremo del sitio está el Gran Arco de Kabah, la entrada monumental a la ciudad, orientado hacia el arco equivalente de Uxmal en una línea recta de calzada sacbé.
Sayil: el palacio de tres pisos
Sayil tiene el Gran Palacio — una estructura de tres pisos con más de 90 habitaciones y una fachada de columnas que recuerda a los palacios greco-romanos más que a la arquitectura maya convencional. La columnata del segundo piso, con sus columnas pareadas intercaladas con frisos de máscaras y figuras humanas, es uno de los ejemplos más refinados de la arquitectura Puuc. Sayil es también notable por su sistema de chultunes — cisternas subterráneas excavadas en la roca caliza para almacenar el agua de lluvia, que era la única fuente de agua en esta zona sin cenotes ni ríos.
Labná: el arco más elegante de la arquitectura maya
Labná tiene el arco más elegante que produjo la civilización maya — una portada de piedra caliza con decoraciones de chozas mayas en miniatura en las esquinas superiores y una calidad de talla que rivaliza con cualquier estructura del mundo prehispánico. El arco de Labná era la entrada ceremonial entre los dos patios principales de la ciudad. El sitio también tiene el Mirador, una torre de observación con una cresta de piedra calada visible desde kilómetros de distancia en la planicie yucateca.