El henequén: la fibra que hizo rica a Yucatán y las haciendas que aún cuentan su historia
El henequén — la fibra extraída de las hojas del agave fourcroydes, nativa de Yucatán — fue durante casi un siglo el motor económico de toda la Península. Desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, Yucatán producía el 90% del henequén del mundo, la fibra que hacía las cuerdas y costales que ataban las cosechas de los grandes campos agrícolas de Estados Unidos, Argentina y Europa. El dinero del henequén construyó las mansiones del Paseo Montejo, financió la oligarquía yucateca llamada "los divinos" y dejó una herencia arquitectónica de haciendas que hoy son algunos de los hoteles más lujosos de México.
El ciclo del henequén: del campo a la fibra
La planta de henequén tarda entre 7 y 10 años en madurar antes de poder ser cosechada — las hojas se cortan con machete, se llevan a las máquinas desfiladoras (las "raspadores" o "desfibradoras") que separan la fibra de la pulpa, y la fibra resultante se seca al sol durante días antes de ser prensada en pacas. El proceso requería una mano de obra masiva y casi esclava — los mayas yucatecos trabajaban en las haciendas henequeneras en condiciones que los historiadores comparan con la servidumbre por deudas, un sistema que la Revolución Mexicana interrumpió pero que tardó décadas en desmantelarse completamente. Los rayos de las vías del tren Decauville que conectaban los campos henequeneros con los puertos todavía se pueden ver enterrados en el suelo de muchas haciendas.
Las haciendas convertidas en hoteles de lujo
Las grandes haciendas henequeneras de los alrededores de Mérida — con sus casas de máquinas victorianas, sus chimeneas de ladrillo, sus capillas y sus cascos patronales de arquitectura ecléctica — fueron abandonadas cuando el henequén perdió competitividad frente a las fibras sintéticas en los años 50-70. Muchas se restauraron en los años 90 y 2000 como hoteles boutique de lujo: la Hacienda Temozón, la Hacienda Uayamón, la Hacienda Santa Rosa y la Hacienda Xcanatún son los ejemplos más conocidos, con restaurantes, spas y piscinas instalados dentro de la maquinaria industrial del siglo XIX. Una visita a cualquiera de estas haciendas es la mejor manera de entender visualmente el peso económico y social que tuvo el henequén en la historia de Yucatán.